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Periodismo ético en Revolución verdadera

Periodismo ético en Revolución verdadera Ernesto Vera
2003-12-31


En todos los años del proceso revolucionario cubano la desinformación de las transnacionales y los grandes medios locales ha intentado satanizar su realidad y su dirección. Sin pausa, cada día, durante cuatro décadas y media ha mentido sin el menor respeto, sin la primera rectificación, sin divulgar réplica alguna.

Muchos han sido los temas de las campañas y a no pocos han engañado. No obstante, el prestigio de sus realizaciones y de sus dirigentes están en la actualidad en su momento más elevado. Es decir, ha crecido el reconocimiento internacional de manera permanente, como respuesta a tantas infamias.

La razón principal de ese fenómeno hay que buscarla en la raíz revolucionaria profunda y los principios éticos indeclinables que caracterizan el ejemplo cubano, capaz de enfrentar al más poderoso poder mediático y de vencerlo finalmente. La enseñanza es que ha prevalecido la verdad en medio de tantos y tan poderosos enemigos porque la fuerza de los valores auténticos de una revolución verdadera, de su pueblo y dirigentes, sólo puede ser combatida con la mendacidad y ésta tarde o temprano termina por conocerse.

La obediencia de muchos gobiernos a los dictados del imperio y la amistad y solidaridad de los pueblos, tendencias fundamentales que han tipificado el acontecer de este tiempo, demuestran con fuerza la realidad de que los primeros pasan y los segundos quedan. Esos han sido los poderes y debilidades de los grandes medios, en especial las transnacionales.
Pero esta no ha sido una historia de la acción perversa del enemigo y la quietud del agredido. Nuestra Revolución, que ha demostrado capacidad defensiva en todos los aspectos, también ha luchado con decisión y eficiencia en el campo informativo, periodístico. Lo ha hecho en la etapa insurreccional y, sobre todo, después del triunfo.

Grande fue la difusión alcanzada por la prensa clandestina y del texto de La Historia me Absolverá, de Radio Rebelde, así como el llamamiento a la huelga general revolucionaria, las que se inscribieron con esos perfiles en la medida que se derrotaba el tirano en el campo militar. Eran medios que hoy pudieran considerarse alternativos ante la aparente fortaleza de los convencionales que controlaba el gobierno.

Todo culminó cuando la acción de los combatientes clandestinos ampliaron el llamamiento de Fidel a la huelga general revolucionaria y los medios poderosos de la radio y la televisión comenzaron a servir a los intereses populares. Fue el golpe final a la maniobra posterior a la huida del tirano.

Poco hubo que esperar. Después del triunfo, en el mismo enero de 1959, fue necesario organizar la Operación Verdad e invitar a centenares de periodistas de otros países para dar contestación a la campaña imperialista organizada contra el derecho de la Revolución a hacer justicia con una parte de los criminales que no pudieron escapar. Esa gran concentración y la conferencia de prensa ofrecida por el Comandante en Jefe fueron anticipo de lo que serían los años de respuesta viril, hasta hoy, a la delincuencia desinformativa del terror mediático, convertida desde 1980 en las Marchas del Pueblo Combatiente. Nuestro periodismo también está en las noticias, imposibles de censurar, de millones de marchistas, que han derrotado a las inventadas por los medios dominantes.
Ese es el gran aporte cubano a la teoría de la comunicación.

La vitalidad comenzada por la coletilla en la batalla de la prensa de los primeros dos años y las fundaciones de Radio Habana Cuba y Prensa Latina, se actualiza en esta etapa de Internet con la presencia e influencia importantes de decenas de medios cubanos con sus páginas digitales o la creación de nuevos sitios, de impacto creciente en otros países.
Y todo ocurre en momentos de amplio desarrollo de los medios alternativos, fundamentalmente en Internet, que han sido decisivos en numerosas convocatorias exitosas de las organizaciones sociales contra los instrumentos de dominación del neoliberalismo globalizado. Esa tendencia, que es como un renacer del Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación, se manifiesta en nuestra región latinoamericana con el crecimiento de la conciencia crítica antimperialista expresada también en muchos medios alternativos y que se han reflejado en varios triunfos populares.

Cuba ha devenido en poseer la gran prensa alternativa continental, antihegemónica, desde Granma hasta el más modesto medio, con similares en las más variadas formas alternativas en otros países, impulsadas abiertamente por organizaciones, grupos e individuos coincidentes todos en la necesidad de conquistar un mundo mejor y posible. Las redes surgen cada día y necesariamente se irán juntando, organizando, hasta convertirse en fuerza más poderosa e influyente en la batalla de las ideas. Su presencia ha dejado de ser clandestina. Internet y el correo electrónico les dan la posibilidad de alcance ilimitado, a pesar del bajo porcentaje de los que cuentan con esos instrumentos. Estos no requieren tener tantos si existen otros medios alternativos, como las radios comunitarias y las nuevas agencias, en condiciones de ampliar la difusión de sus mensajes.

Internacionalmente, con énfasis en América Latina, se está desatando la respuesta digna a tanta prepotencia del imperio. Este se ha creído tan poderoso que pretende desconocer hasta el más sencillo principio ético, la decencia política, mediante el terrorismo de estado generalizado, globalizado. Sus medios, más centralizados y controlados que nunca, ya resultan ofensivos a la capacidad inteligente del ser humano, más allá inclusive de clases e ideologías. ¿No lo demuestran los que por miles se pagan sus gastos y viajan desde numerosos países para protestar en las sedes de las reuniones de los dueños del dinero y el comercio? ¿Y las decenas de millones que han salido a las calles en los países poderosos a decir no a las guerras?

Es más, hay no pocas señales en algunos países donde los medios comerciales comienzan a asumir posiciones acordes con las causas populares, ante la política irracional imperialista, así como existen diarios y revistas de propiedad cooperativa donde se publican artículos de profundo contenido condenatorio al salvajismo capitalista imperante. La gran cantidad de mártires del periodismo en nuestra región ha convertido a su ejercicio en el más riesgoso, tanto con relación a otras profesiones como a otros continentes, sin que en un solo caso haya sido por practicar la desinformación. Sus asesinos, casi nunca condenados, son parte del terrorismo que pretende silenciar el combate de las ideas.

En estos nueve lustros nuestra prensa y sus periodistas pueden proclamar que han sido leales al poder del pueblo y le han servido con eficiencia creciente. Y lo han hecho así porque optaron por la línea de la autoexigencia para estar a la altura de la Revolución. Ninguna etapa lo demuestra mejor que estos últimos cuatro años, desde el VII Congreso de la UPEC, al cual Fidel Castro declaró permanente y donde orientó a que nuestra profesión trascendiera más y se elevara al rango de periodismo y periodistas para el mundo. Así ha sido y será.

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